Por Raúl González
Hemos vuelto.
Después de vivir la maravillosa experiencia de compartir con otros, de aprender y relacionarse con gente tan distinta y tan parecida a nosotros. Hemos vuelto de la maravilla que es solidarizar y movilizarse por aquellos que hoy más nos necesitan. Hemos vuelto cambiados, movilizados en nuestro fuero interno por todo lo que vimos. Hemos vuelto, creo que una gran mayoría, absolutamente convencidos del rol social que cumplimos en una sociedad como la chilena.
El llamado hoy es un grito al cual no podemos hacer oídos sordos. Vimos y vivimos ese Chile medio escondido, falseado en datos de macroeconomía, estuvimos en contacto con las necesidades de la gente más allá del terremoto y nos conmovimos con cada una de las historias de las familias a las cuales ayudamos a levantar desde la esperanza y la solidaridad.
Construimos 32 mediaguas, casi 33 pues una nos quedó inconclusa. Íbamos con la meta de construir 40, pero distintos factores nos impidieron llegar a esa meta. Al final de la jornada, mediaguas más mediaguas menos, lo importante es que los estudiantes, profesores y apoderados que fueron dieron el máximo de su esfuerzo para apoyar y solidarizar con las familias de Rancagua que requerían de nuestra ayuda.
Queda mucho por hacer, en verdad queda muchísimo por hacer y nuestro aporte debe ir mucho más allá de esta salida; debemos crear esa conciencia solidaria que tanto nos cuesta, debemos reforzar a estos maravillosos estudiantes que se hicieron añicos las manos trabajando, debemos saludar a esas conciencias que se remecieron incluso hasta el llanto al darse cuenta de que su aporte es fundamental para el desarrollo de nuestro país.
Quiero destacar primero que todo a nuestros estudiantes. Ellos trabajaron hasta el agote, se esforzaron por construir bien las mediaguas que les asignaron, pero también se esforzaron por portarse bien, por tratar de hacer que los cuatro días fueran gratos y que no se dieran conflictos de convivencia. Felicitarlos por sus noches, incluso cuando aplaudían o se tiraban sonoros besos. Quiero felicitar a aquellos que hoy sienten el dolor en sus bazos y sus espaldas, a aquellos que traen sus manos heridas, a aquellos que se resfriaron, pero siguieron hasta el final intentando cumplir con el compromiso de ayudar a quienes hoy tanto nos necesitan.
Saludar a los apoderados que fueron con nosotros, que vivieron la experiencia de compartir con más de 160 jovenes y que tuvieron la capacidad de entender sus modos de relación y las complejidades naturales del ser jóvenes. A ellos porque también se agotaron, también les duelen las manos, también se dolieron solidariamente de las familias con las que compartieron.
A los profesores, gran equipo, cohesionado, solidario, dispuesto, trabajadores. Mis respetos a todos pues supieron asumir las responsabilidades que el devenir nos exigía. A aquellos que cocinaron, al papá que prestó su camioneta, a los que cuidaron del espacio físico, a los que trabajaron con los muchachos limpiando baños, barriendo el gimnasio, instalando el buen ánimo.
Mis respetos al tío Alfonso. Salvador de muchas cuadrillas, que demostró un espíritu solidario y generoso.
A los que
nos visitaron,
A la gente del Techo para Chile que nos abrió la posibilidad de trabajar.
A la gente de la municipalidad por las ayudas brindadas.
Y a todos los niños y apoderados del colegio que prestaron generosamente sus herramientas y proveyeron de alimento a estos maravillosos estudiantes que cedieron 5 días para estar donde más se les requería.
Para ver algunas fotografías, pincha aquí.



























impresionante
Felicidades a todos! Me emociona profundamente lo que lograron en Rancagua y en sus corazones.
un abrazo con "piel de gallina"
elisa