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Artes Visuales Altamira

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Pala, martillo y mazo...somos la cuadrilla Suazo!

Enviado por Colegio Altamira el 12/05/2010 a las 9:48

Por Julio Lorca, mediador.

Partimos en la tarde del día miércoles 5, en cuatro buses y algunas camionetas repletas de herramientas, alimentos, múltiples expectativas, dudas y emociones encontradas. La meta era construir 40 viviendas de emergencia y aportar con ello a la reconstrucción de las vidas de quienes fueron más afectados por el terremoto del 27 de febrero.

Llegamos luego de una hora y fracción de viaje al lugar que nos cobijaría durante 4 noches y 4 días. Desde el inicio del viaje nos acompañó una llovizna que nos enfrió un poco el espíritu, no duró más que esa noche; al día siguiente nos acompañó el astro rey y se quedó con nosotros todos los días venideros, haciéndonos más agradable nuestro trabajo.

Nos dividimos en cuadrillas, 20 en total, cada una compuesta por estudiantes del colegio Altamira y en lo posible, por un adulto. No habíamos tantos profesores y apoderados, algunas cuadrillas solo estuvieron compuestas por estudiantes, pero eso no les restó fuerza y trabajaron arduamente para conseguir el objetivo.

Las dificultades técnicas aparecieron desde los inicios de la construcción. No es lo mismo la matemática en el papel que la aplicación de la misma, como no es lo mismo el entrenamiento físico que usar las herramientas apropiadamente. Contábamos con la experticie de tres miembros del Techo Para Chile, pero no daban abasto para tanta cuadrilla y el primer día sentimos el peso de la responsabilidad asumida.

Nuestra Cuadrilla fue asignada a Los Pinos 942, donde vive una anciana llamada Carmen Suazo. Esta mujer apenas camina. Afectada de pequeña por una parálisis, literalmente fue abandonada por su hija hace unos años y sobrevive con una pensión mínima y de la ayuda que le brindan los vecinos. Cuando llegamos pudimos darnos cuenta que era imposible construir la vivienda en el poco espacio que quedaba y decidimos botar un muro de ladrillos y buena parte de lo que apenas quedaba en pie.

El nauseabundo olor que emanaba del lugar nos daba cuenta de las condiciones infrahumanas en que vivía Carmen. Al ir botando muros y sacando techos, iban escapando de sus guaridas los ratones e insectos que poblaban el lugar. Trabajamos todo el día para despejar el terreno y poner los primeros pilotes. Los vecinos ayudaron algo el primer día, así como también ayudó una cuadrilla de la municipalidad y del ejército que llegaron para sacar escombros y basura de todo el terreno. Al finalizar el día pudimos dejar puestos solo 3 pilotes de 17. Los rostros de la cuadrilla reflejaban desesperanza, habíamos avanzado poco y trabajado mucho. Para quienes tomar un martillo o un chuzo no es algo cercano ni habitual, esta tarea se veía como titánica.

Llegando al Gimnasio que nos servía de refugio temporal nos alimentamos lo más posible, pues contrariamente a lo que pasó en otras cuadrillas a nosotros no nos dieron almuerzo en la primera asignación. Nos dormimos tarde, debido principalmente al bullicio, éramos 160 personas y la mayoría estudiantes de tercero y cuarto medio; el respeto al cansancio debido al trabajo duro fue algo que se fue aprendiendo lentamente, solo la última noche no se escuchaban ruidos a la hora de dormir.

Amaneció y fuimos los primeros en salir, sabíamos que teníamos mucho trabajo por delante y no escatimaríamos esfuerzos. Luego de un día muy duro logramos dejar parados los paneles que servirían de paredes. Tuvimos que dar vuelta un panel que venía al revés, lo que nos atrasó y lidiamos también con la falta de materiales que debido a la escasez de responsables del Techo para Chile, nos dejaba parados. Los roces se hacían cada vez mas fuertes entre la organización y los responsables del Techo Para Chile y tuvimos que reunirnos para limar asperezas, generar estratégias, resolver conflictos y estrechar los lazos de comunicación para lograr terminar sin llegar a sobreexigirnos ni poner en riesgo los vínculos.

El sábado nos dividimos. Parte de la cuadrilla se fue a comenzar con los pilotes de la segunda casa mientras tres de nosotros terminaba el techo. Habíamos recibido harta ayuda externa, pero ahora estábamos solos. Compramos materiales por nuestra cuenta para terminar el techo de la primera vivienda y al mediodía logramos finalizarla. Cuando el último cabo del techo quedó en su lugar, abracé a la madera y me deshice en lágrimas. Era como haber terminado algo hermoso, casi como haber hecho una obra de arte y sin embargo, eran tan solo unas paredes de madera con un techo de zinc.

Al llegar a la otra casa vimos que las 4 personas que estuvieron habían avanzado bastante, ya tenían 4 pilotes puestos y después de un par de horas terminamos los demás. La ayuda que nos dieron los miembros de la segunda asignación fue maravillosa, así como la preocupación por nuestra alimentación. Hace mucho que no comía porotos con mazamorra tan ricos. Sorprende también ver todo lo que saben de la vida y el trabajo estas personas. Sin manuales ni tantos estudios, tienen más sentido común que todos nosotros juntos. Aprendemos de ellos, los escuchamos y seguimos sus consejos. La fuerza que toma la cuadrilla al sentirse tan respaldados nos hizo dejar casi terminada la vivienda cuando el sol caía.

Al volver fui con el Pepo (profesor de educación física) a ayudar a otras cuadrillas. Las caras de frustración por la espera de materiales y herramientas nos despertaron más aún y cuando vieron que les tendíamos las manos, los brazos y los pies pasaron de la desesperanza a la euforia. Cada día veía a los chiquillos y chiquillas más comprometidos, más dispuestos a dejarlo todo y terminar el trabajo.

Al siguiente día, Cuadrilla Suazo hizo la inauguración en Los Pinos 942. Lo que aprendimos en esa casa no se nos olvidará nunca, no me refiero a lo técnico, me refiero a la realidad social que viven millones de seres humanos en nuestro país, fue cortar la cinta de la casa y la cinta de nuestros ojos.

Volvimos a Los Fresnos y con las pocas fuerzas físicas que nos quedaban terminamos la casa a las 3 de la tarde. Hubiésemos terminado antes, pero tuvimos que esperar por las vigas que no nos habían sido entregadas. Al finalizar, inauguramos de inmediato. Ya teníamos ganas de volver, era domingo y habíamos dejado atrás a nuestras familias y la vida que acostumbrábamos. Era tiempo de despedirse de Rancagua y de mirar con otros ojos a este Chile de contrastes. Los buses llegaron cerca de las 7:30, los cargamos con algo más que equipaje.

Santiago sintió nuestros pies cerca de las 22:00 horas. Estoy seguro que nada podrá ser visto de igual manera de ahora en adelante.

Pala, martillo y mazo...somos la cuadrilla Suazo!

emoción

Enviado por irina el 12/05/2010 a las 11:16
irina

Maravilloso relato Julio, también el de Raúl que leí ayer, he llorado con sus palabras, agradezco a ustedes por transmitir su experiencia tan intensa donde el mundo se les ha abierto a ustedes y a nuestros jovenes que bien necesitan de estas vivencias para entender que la vida la construye cada uno de nosotros, el destino sale de uno, no viene a uno desde fuera, mucho depende de nosotros y de cómo se enfrentan las situaciones, simplemente gracias!!!

 


Felicitaciones

Enviado por Paulina el 12/05/2010 a las 11:42
Paulina

Sólo cabe felicitar a tod@s los que fueron y entregaron energía, vitalidad, risas y recibieron a cambio madurez, buena onda y un lote de aprendizajes necesarios para ser las personas preciosas que son y en que se están convirtiendo.

Oigo relatos de vari@s y me encantan todos, sus reflexiones, sus opiniones..

Felicitaciones!

 


Orgullo

Enviado por Jorge Riquelme el 12/05/2010 a las 12:09
Jorge Riquelme

Me llena de orgullo saber que mi colegio esta ayudando, no saben cuanto me habría gustado estar ahí. Solo los quiero felicitar por el gran trabajo que están haciendo, y espero que sigan así.


Estoy muy orgulloso de haber ...

Enviado por Memel "el gato" Peraldi el 12/05/2010 a las 23:23
Memel

Estoy muy orgulloso de haber sido parte de esta experiencia.

 

Todos mis respetos al gran JULITO MARAÑA!

 


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