Por Luis Alberto Tamayo
¡Socorro!, ¡¡ un dinosaurio se pasea por mi biblioteca!!
En realidad no es un dinosaurio, es un diccionario que me mira a punto de caer en un estado de aburrimiento perpetuo. Lo que pasa es que cada vez tiene menos trabajo, desde que apareció en Internet la página de la Real Academia de la lengua Española, que es- nada menos- que un diccionario instantáneo en el que no es necesario saberse el alfabeto para encontrar con un clic el significado de una palabra. ¡Una maravilla!, debió haber sido una noticia de titular de diarios;Todo el idioma ahí servido a la mesa para el que quiera degustarlo, aprehenderlo y usarlo.
Con los alumnos de cuarto y quinto jugamos a ver qué palabra tiene más significados o acepciones y lo comprobamos rápidamente, (esto de la rapidez es una obsesión de los niños):
La palabra “palo” registra 26 acepciones,
pero ninguna sirve para aclarar la oración “Su auto nuevo le costó
como siete palos”. La palabra “caja” registra 25
acepciones y la palabra peso 21. La palabra “tamiz”,
en cambio tiene un solo significado: cedazo muy tupido. ¿qué
significará cedazo? Un clic y lo sabremos. Nos podemos
enterar que hay palabras muy específicas que sirven para decir algo
exacto y sin hablar o escribir mucho. La palabra “occiso”
significa: muerto violentamente. O sea don Pedro de Valdivia fue
un occiso después de la batalla de Tucapel, a manos
del garrote de un mapuche, pero el escritor Roberto Bolaño, muerto
en un hospital a la espera de que le trasplantaran un hígado,
fue solamente cadáver.
Podemos descubrir junto a los chicos y chicas que la palabra atún, en su segunda acepción significa: hombre ignorante y rudo (vaya un fino insulto). Entonces tocan el timbre para ir a recreo y hemos estado tan entretenidos que muchos se quieren quedar en la sala.
Tiene razón mi querido diccionario de sentirse un dinosaurio en mi biblioteca, se siente grande, lento, torpe, poco amigable y tiene razón. Pero si no tengo un computador operativo a mano, debo recurrir a él, la preciosa bodega del idioma. Neruda escribió en su “Oda al diccionario”:
“ El diccionario,
viejo y pesado con su chaquetón
de pellejo gastado,
se quedó silencioso
sin mostrar sus probetas…”
Neruda, ese gran gozador de palabras, ¡cómo habría disfrutado del diccionario virtual de la RAE!
Porque una de las obligaciones ineludibles del profesor de lenguaje es lograr que sus alumnos se enamoren del lenguaje, que descubran la maravilla de tener a mano la palabra justa para expresar lo que realmente queremos decir y no propagar una nebulosa deforme, de demasiadas y hasta contradictorias interpretaciones. Y otra vez, Neruda ya lo dijo. Lo dice en un texto bautizado como “La palabra”, que es un poema, a pesar que don Pablo lo escribió en prosa en su biografía “ Confieso que he Vivido”. Allí dice:
“ Todo lo que usted quiera , sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan…”
Sí, señor, son las palabras las que nos definen como seres humanos, nada menos que eso. Por eso me gusta jugar a conocer palabras nuevas, eso es realmente tener el poder, el poder de entender lo que otros escribieron, el poder de ver la belleza de un pensamiento exacto y profundo. El poder de decir lo que quiero con las palabras exactas.
Tengo alumnos en Play group que tienen un vocabulario impresionante y lo usan con un desparpajo que apabulla y emociona; tengo alumnos en kínder y el cuarto básico que son capaces de definir un concepto con exactitud de académico chiflado.
El primer diccionario de los niños es el mundo, las propias palabras les van contando lo que significan. El segundo diccionario son sus padres, ¿papá, qué significa heterogéneo?, ¿mamá, qué quiere decir moroso? Y eso por poner dos ejemplos simples. Y los padres deben darse el tiempo de responder. Luego vienen los profesores que respondemos de todo y enseñamos el abecedario y el uso del diccionario. (El abecedario deben saberlo de memoria, ejercitar la memoria no es un arcaísmo en pedagogía). Y luego disfrutar del uso del diccionario on line de la RAE. Bueno, pero en nuestra biblioteca del Colegio Altamira tenemos muchos diccionarios y se usan harto, hay diccionarios de inglés y francés y un diccionario de filosofía en varios tomos.
Yo tengo en mi casa diccionarios y enciclopedias; los tengo ahí, a la mano, así como tengo bidones con agua, pilas y velas, tengo mi diccionario por si me falla el internet o se deja caer un apagón por una falla en el sistema Interconectado Central. En caso de no tener el diccionario de la RAE y Google, debo estar preparado para esa emergencia.
Un dinosaurio se pasea por biblioteca y así será por mucho tiempo.
































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