Partimos en la tarde del día miércoles 5, en cuatro buses y algunas camionetas repletas de herramientas, alimentos, múltiples expectativas, dudas y emociones encontradas. La meta era construir 40 viviendas de emergencia y aportar con ello a la reconstrucción de las vidas de quienes fueron más afectados por el terremoto del 27 de febrero.
Llegamos luego de una hora y fracción de viaje al lugar que nos cobijaría durante 4 noches y 4 días. Desde el inicio del viaje nos acompañó una llovizna que nos enfrió un poco el espíritu, no duró más que esa noche; al día siguiente nos acompañó el astro rey y se quedó con nosotros todos los días venideros, haciéndonos más agradable nuestro trabajo.
Nos dividimos en cuadrillas, 20 en total, cada una compuesta por estudiantes del colegio Altamira y en lo posible, por un adulto. No habíamos tantos profesores y apoderados, algunas cuadrillas solo estuvieron compuestas por estudiantes, pero eso no les restó fuerza y trabajaron arduamente para conseguir el objetivo.
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Por Raúl González





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