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En Chile, las llamadas escuelas libres han ido ganando espacio como una alternativa educativa distinta, especialmente en los primeros años de formación. A grandes rasgos, estas escuelas ofrecen espacios de aprendizaje centrados en el desarrollo personal de los estudiantes, con metodologías más flexibles como la enseñanza basada en proyectos o la exploración, permitiendo que los niños y niñas avancen a su propio ritmo y según sus intereses.
Sin embargo, no siempre están adscritas al sistema formal ministerial. Claudia Herrera, Asistente de Dirección y Encargada de Admisión del Colegio Altamira, explica que “las escuelas libres no tienen reconocimiento oficial, por tanto, los cursos tienen que validarse a través de exámenes libres. En cambio, los colegios regulados deben cumplir con normativas y estándares ministeriales que permiten validar ante el estado el avance académico año a año”.
Además, señala que puede ocurrir que los conocimientos de los estudiantes en el ámbito académico formal estén un poco más descendidos. “Nos ha pasado que estudiantes que recién vienen de este tipo de sistemas educativos les cuesta enfrentarse a evaluaciones o a situaciones de estrés, disertaciones, trabajo de investigación, evaluación escrita desde la argumentación o desde las alternativas” señala.
Para muchas familias, la decisión de cambiarse responde a múltiples factores. Patricia Almarza, apoderada del Colegio Altamira, vivió este proceso junto a sus hijos tras varios años en una escuela libre.
“Por un lado, teníamos incertidumbre al comenzar a salir de la pandemia de la continuidad del proyecto educativo en el que estábamos. Por otra parte, nuestros hijos ya estaban creciendo y con ello sus requerimientos en cuanto a talleres y actividades extracurriculares. Finalmente, teníamos dudas respecto a cómo sería su adaptación a un sistema más "regular" si el cambio lo hacíamos cuando fueran más grandes”
En cuanto al proceso de adaptación Patricia lo describe como muy ligero, “los niños llegaron a cursos pequeños, eso fue fundamental. Fueron bien acogidos y muy valorados por sus profesores en cuánto a sus habilidades, aprovechándolas de muy buena forma en el contexto nuevo al que se enfrentaban. Además, ayudó la presencia de asignaturas como los TLD (Talleres de Libre Disposición) o Corporalidad, que desarrollan otras habilidades que ellos estaban acostumbrados a trabajar en su antiguo colegio.
Simón Reveco, estudiante de segundo medio del Colegio Altamira, comparte su experiencia de cambio: en su colegio anterior, más pequeño, conocía a todos, pero sentía que le faltaba vida social y nuevas experiencias. Además, el sistema era menos estructurado: las clases solían ser al aire libre con más actividades y juegos, y no había pruebas ni notas visibles durante el año.
Al llegar al Colegio Altamira, notó diferencias importantes, como la existencia de canchas y talleres, que antes no tenía. Aún así, comenta que la adaptación no fue tan difícil, “las habilidades que había conseguido allá me ayudaron acá, la mayor diferencia es que este colegio es un poco más realista, porque estando ahí es como muy cerrado”.
Uno de los aspectos más relevantes y menos visibles de este cambio es la validación de estudios. Para estudiantes provenientes de escuelas sin reconocimiento oficial por el ministerio, este proceso es fundamental para regularizar su situación académica.
“Existe una normativa que permite validar y reconocer estudios de estudiantes que vienen del extranjero sin convenio con Chile, de escuelas no reconocidas o que no han estado escolarizados. Esto es clave especialmente en enseñanza media, ya que necesitan sus estudios validados para acceder a la educación superior o rendir la PAES”, explica Claudia Herrera.
Claudia agrega que este trámite conlleva bastante tiempo, pero el colegio lo realiza de manera interna y en comunicación directa con el ministerio, lo cual aliviana mucho la situación e incertidumbre de los estudiantes y apoderados.
Más allá de lo administrativo, la adaptación académica y socioemocional es un factor decisivo en el éxito de la transición.
“El acompañamiento lo realizan en conjunto el equipo de convivencia y el área académica, quienes desde marzo hacen un diagnóstico a todos los estudiantes para definir estrategias y posibles adecuaciones según sus necesidades”, señala Claudia Herrera.
“Si las adecuaciones no son suficientes, se trabaja con las familias y, de ser necesario, intervienen la educadora diferencial o especialistas externos” Este apoyo comienza desde la postulación, especialmente en estudiantes que vienen de sistemas educativos distintos, preparando a los profesores para su llegada” agrega.
Para las familias, encontrar un equilibrio entre estructura y desarrollo integral es fundamental. En ese sentido, la experiencia también da cuenta del valor de espacios intermedios.
Para la apoderada Patricia Almarza fue clave en su búsqueda de un colegio regulado por el ministerio: “Me parece que el Colegio Altamira puede ser un buen punto intermedio entre una escuela libre y un colegio tradicional. En general hay preocupación por la individualidad de cada estudiante. Los profesores han leído a nuestros niños en su individualidad de una manera muy acertada cada año, preocupándose de atender a las necesidades que cada uno ha tenido. Se nota en cada comunidad un trabajo de los profesores en conjunto y para nosotros la cercanía de ellos y ellas con los estudiantes, es un distintivo positivo del colegio”
Claudia coincide en este punto: “Las escuelas libres pueden ser muy positivas en los primeros años, ya que fomentan la autonomía, la expresión y el aprendizaje lúdico. Sin embargo, en etapas como primero y segundo básico se vuelve necesaria mayor estructura para asegurar aprendizajes clave que serán fundamentales más adelante”.
En ese sentido, asegura que el colegio propone un equilibrio “entregar una base académica estructurada, sin dejar de lado el desarrollo personal y emocional, integrando espacios que potencian habilidades e intereses de los estudiantes”.
Así, la transición desde una escuela libre a un colegio regulado no solo implica un cambio académico, sino también una oportunidad de crecimiento, siempre que exista un proceso planificado, acompañado y centrado en el bienestar de cada estudiante.

Columna de Opinión PhD Pedro Rosas, Rector Colegio Altamira: Ingeniero Civil de la Universidad de Chile, Master en inteligencia artificial, en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). Postdoctorado en neurociencia cognitiva en el
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Mientras en gran parte del mundo se discute la obligatoriedad del uniforme escolar, estudios internacionales y la experiencia del Colegio Altamira coinciden en que permitir a los estudiantes elegir su vestimenta fortalece la autonomía, la identidad personal y la.
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En Chile, las escuelas libres han ido posicionándose como una alternativa educativa distinta, especialmente en los primeros años, al promover un aprendizaje centrado en el desarrollo personal, con metodologías flexibles y sin sistemas tradicionales de evaluación como notas o pruebas. Pero ¿qué ocurre cuando los estudiantes deben transitar hacia un sistema formal ministerial? Esta nota aborda ese proceso de adaptación y presenta la experiencia del Colegio Altamira: un modelo regulado que, sin dejar de cumplir con los estándares académicos, integra el desarrollo emocional, la exploración y el descubrimiento de intereses como parte central del aprendizaje.

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